Aventura
Aventura —Estoy enterrando a cuatro hombres por día —le replicó Sheldon, mientras colocaba el termómetro en la boca de su socio moribundo.
El capitán masculló un juramento y ordenó que le sirvieran whisky con soda. Sheldon le echó un vistazo al termómetro y gritó:
—¡41º! ¡Pobre Hugo!
El capitán le ofreció un trago al enfermo.
—¡Aparte eso! Ni lo piense. ¿No sabe que puede provocarle una perforación?
Y mandó llamar a un capataz para que excavasen una fosa y construyesen un féretro con madera de embalaje. Los negros eran enterrados sin ataúd, sobre una plancha de hierro galvanizado. Después de dar aquellas órdenes, se dejó caer sobre una silla y cerró los ojos.