Aventura
Aventura —Eso nos obliga a ampliar el hospital. Tenemos que desembarcarlos como sea… ¡Viaburi! ¡Eh, tú, Viaburi! Llama a todos con la campana.
Los braceros, convocados inesperadamente, aparecieron procedentes de todas las direcciones, quedando distribuidos rápidamente. Unos fueron enviados al bosque para talar árboles con los que construir posteriormente las vigas, otros fueron mandados a los cañaverales para cortar la paja con la que se harÃa el tejado, y cuarenta fueron enviados a la playa para poner a flote una barcaza, llevándola sobre sus cabezas. Sheldon apretó los dientes, afirmó su ánimo y volvió a tenerlos a todos bajo su mano.
—¿Se ha fijado usted en el barómetro? —le preguntó el capitán.
—No, ¿por qué? —dijo Sheldon.
—Parece que está bajando.
—Entonces lo mejor será que duerma a bordo. Yo me ocuparé del pobre Hugo.
—Uno de los negros estaba agonizando cuando eché anclas.
—¡Santo Dios! —exclamó Sheldon enojado—. ¡TÃrelo por la borda, hombre! ¡Ya tengo demasiadas tumbas en tierra!
—Solo se lo decÃa… —prosiguió el capitán, sin parecer ofendido.