Aventura
Aventura Lo recuperó con el sonido de una gran campana. Al abrir los ojos se encontró acostado en su cama. El reloj marcaba las seis, y el sol que entraba en la estancia le indicó que eran las seis de la mañana. Después de muchos esfuerzos, logró recordar lo que había pasado. Finalmente vio que colgaba de la pared un sombrero que no era suyo, y bajo él una cartuchera y un Colt del 38. El cinto estrecho le hizo suponer que la cartuchera debía de pertenecer a alguna mujer, e inmediatamente recordó el bote del día anterior y aquellos ojos brillando bajo las finas cejas. Seguramente habría sido ella quien había tocado la campana. Le sobresaltó la posibilidad de que la plantación le necesitara, y se levantó, apoyándose en la pared, sintiendo un zumbido semejante al de una nube de mosquitos que revoloteasen alrededor de él. Se sentó nuevamente, cerrando los ojos e intentando salir de aquellas brumas delirantes, cuando le sorprendió la voz de una mujer que decía:
—Debería volver a la cama inmediatamente.
Se trataba de una voz enérgica y autoritaria, propia de quien está acostumbrado a mandar. Inmediatamente se sintió derribado sobre las almohadas por una mano delicada, mientras otra lo cogía por los pies y le estiraba encima de la cama.