Aventura
Aventura —Que los nueve de Malaita se comieron a los dos de San Cristóbal, dejando únicamente sus cabezas, que consideran demasiado valiosas para ser comidas. Guardaron las dos cabezas en la caja de popa hasta que desembarcaron, y a estas alturas seguro que adornan alguna de las aldeas de las costas de Langa Langa.
—¡De modo que son auténticos canÃbales! —exclamó la joven, juntando las manos con asombro—. ¡Y pensar que nos encontramos en pleno siglo XX! ¡Yo creÃa que todo esto eran cosas de antiguas novelas de aventuras!
Él la miró, entre indulgente y divertido.
—¿Qué le hace tanta gracia?
—¡Oh, nada! No encuentro el menor romanticismo en que una pandilla de negros lo devoren a uno.
—Bueno, claro que eso no es muy romántico —respondió ella—; pero vivir entre doscientos negros, mandando sobre ellos y evitando al mismo tiempo sus dentelladas es algo que, si no podemos llamarlo novelesco, sà podemos calificarlo al menos de aventura. Y ya sabe usted que la novela y la aventura son casi la misma cosa.
—Pensando de esa forma, terminar en el estómago de un negro serÃa el colmo de las peripecias —comentó Sheldon.