Aventura
Aventura —No veo que usted tenga nada de romántico —afirmó la muchacha—. Parece tan zafio, prosaico y mezquino como cualquier vendedor. No entiendo qué hace viviendo aquÃ, cuando debiera estar en su casa, llevando la vida sedentaria de un empleado de banca o de…
—Un dependiente de una tienda cualquiera. Muy amable.
—En efecto… cualquier cosa. ¿Qué demonios está haciendo aquÃ, entonces?
—Ganarme el pan y buscar suerte.
—«El camino más difÃcil escogerá el segundón; asà alcanzará el poder con el control de sà mismo» —recitó ella—. Y si eso no le parece romántico, que venga Dios y lo vea. Piense en el número de segundones que van por la vida corriendo miles de aventuras, luchando en solitario con su destino. Usted y yo pertenecemos a este grupo.
—Un momento…, un momento —pidió él dificultosamente.
—Bueno, lo cierto es que al menos yo sà que me considero segundona —corrigió la muchacha— en un camino difÃcil, abandonada a mi suerte, sin nada ni nadie que pueda ayudarme, y tan alejada del mundo civilizado como usted.
—En su caso estoy de acuerdo en que existe algo novelesco —admitió Sheldon.