Aventura
Aventura Y lo decÃa pensando en las últimas noches. La joven dormÃa en una hamaca de la galerÃa, cubierta por un mosquitero y custodiada por sus marineros tahitianos, que permanecÃan en un extremo, al alcance de su voz. No habÃa conseguido convencerla, pero ahora estaba decidido a cederle su cama, y a pasar él la noche en la hamaca.
—Verá, yo me he pasado la vida leyendo novelas y soñando con ellas —dijo Joan—; pero nunca, ni siquiera en mis más locas fantasÃas, he llegado a imaginar que llegarÃa a vivirlas. Esto me ha pasado cuando menos me lo esperaba. Hace un par de años pensaba que ya solo me faltaba… —se interrumpió, haciendo una mueca de disgusto—. Bueno, me daba la impresión de que solo me faltaba casarme.
—De modo que prefirió usted una isla de canÃbales y una cartuchera —insinuó Sheldon.
—No tenÃa pensado lo de la isla de canÃbales, pero lo de la cartuchera me apetecÃa.
—Me da la impresión de que no se atreverÃa usted a disparar su revólver en una situación complicada; en tal caso —añadió, intentado sosegar la furia que ya adivinaba en su mirada— lo harÃa para ejercitarse en el tiro al blanco.
La muchacha se levantó de un salto, y al ver Sheldon que iba a buscar su arma, la detuvo diciendo: