Aventura
Aventura —Eso es lo que se dice punterÃa… para una mujer —dijo—. Solo ha fallado dos veces, y con un arma que no es la suya.
—Aun asÃ, no deberÃa permitirme esos dos fallos, porque el arma es buena —se quejó la joven—. Deme otro cargador y le apuesto lo que quiera a que consigo ocho blancos seguidos.
—La creo. Ahora tendré que poner otra polea. ¡Viaburi! Acércate, muchacho. Anda, tráeme otra polea del almacén.
—Apuesto a que no consigue usted los ocho seguidos… —le desafió su amiga.
—Me guardaré mucho de aceptar su apuesta. ¿Quién le enseñó a disparar con tanta habilidad?
—Mi padre, y después Von y sus vaqueros. Papá era un gran tirador, pero Von no le andaba a la zaga.
Sheldon trató de imaginarse quién podrÃa ser ese Von, y supuso que podrÃa ser el sujeto que dos años antes le habÃa hecho creer a la joven que ya solo le faltaba casarse. Entonces le preguntó:
—¿De qué lugar de los Estados Unidos es usted? ¿Chicago, Wyoming…? No me ha dicho nada todavÃa de su lugar de origen. Lo único que sé por ahora es que se llama Joan Lackland, pero ignoro de dónde.
—Debe dirigirse más hacia el Oeste para encontrar mi tierra.
—Un momento… ¿Nevada?