Aventura
Aventura Ella hizo un gesto negativo.
—¿California?
—Más al Oeste.
—No es posible, a menos que me haya olvidado de la geografÃa.
—Lo que olvida usted es la polÃtica —rio la muchacha—. ¿Ya ha olvidado la «anexión»?
—¡Las islas Filipinas! —gritó en tono de triunfo David Sheldon.
—No; Hawai. Yo nacà en ese maravilloso paÃs. Ya lo echo de menos, y ello no se debe tanto a que nunca haya salido de ahÃ, ya que me encontraba en Nueva York cuando nuestra empresa quebró, sino a que para mà no hay un lugar mejor ni más hermoso en el mundo que Hawai.
—Entonces, ¿qué se le ha perdido en este rincón dejado de la mano de Dios? Se necesita estar loca para venir hasta aquà —añadió amargamente.
—Nielsen no era un demente —contestó ella—. Tengo entendido que llegó a amasar una fortuna.
—Es verdad, y ese es el motivo de que esté yo aquÃ.
—Pues lo mismo ocurre conmigo. Papá oyó hablar de él en las Marquesas y se entusiasmó; pero el pobre papá no logró realizar sus sueños.
—Pero… ¿es que su padre… murió?