Aventura
Aventura »Había comenzado a hacer negocios con las perlas de los mares del Sur, y estaba convencido de que le quedaban todavía muchas fortunas por fraguar, si se empeñaba en su empresa. La plantación de cocoteros era uno de sus sueños, y pensaba dedicarse al comercio de perlas y a otros negocios semejantes hasta que la plantación estuviese preparada para comenzar a dar rendimiento. Cambió su yate por una goleta, la Miélé, y nos hicimos a la mar. Yo me ocupaba de mi padre, que era el patrón del barco, mientras aprovechaba para aprender a navegar al mismo tiempo. Nuestro piloto era un danés llamado Ericson, y nuestra tripulación estaba compuesta por japoneses y hawaianos. Cuando mi padre comenzó a sentirse enfermo del corazón, hicimos escala en las islas de Line, donde todo había cambiado. Aquellas islas, que habían sido objeto de interminables anexiones y repartos entre las grandes potencias, habían terminado apoderándose de las tierras pertenecientes a las grandes compañías, y se habían hecho con sus derechos de pesca y de todo lo demás.