Aventura
Aventura —En absoluto. El plan de mi padre era alcanzar estas islas. Mi intención es buscar por aquà tierra donde construir una plantación. ¿Conoce usted alguna parcela que sea barata?
—¡Demonios! Ustedes los yanquis son realmente asombrosos. Jamás me hubiese imaginado semejante ventura.
—Aventura —matizó Joan.
—Es cierto…, toda una aventura está usted viviendo. Si en lugar de arribar en Guadalcanal hubiese desembarcado en Malaita, ya la habrÃan devorado a usted y a sus nobles tahitianos.
Joan se estremeció.
—Lo cierto —confesó— es que nos aterraba tener que tomar tierra en Guadalcanal. En las Noticias MarÃtimas leà que los habitantes de esa isla son traidores y crueles. Algún dÃa me pasaré por allà para conocerlos personalmente. ¿Tienen plantaciones también?
—Ni una. Ni tampoco comerciantes de piel blanca.
—Entonces me trasladará hasta allà en algún barco de transporte.
—¡Imposible! —exclamó Sheldon—. No hay sitio allà para una mujer.
—Me da igual lo que piense. Iré —insistió la joven.
—Pero cualquier mujer que se respete…