Aventura
Aventura »Mandé que buscaran un piloto en Nueva Zelanda. Me trajeron uno alemán, con documentación de capitán, también, pero como yo me consideraba mejor navegante que él, me convertà finalmente en la capitana de la goleta. Si la perdÃ, no fue debido a mi inexperiencia. Durante cuatro dÃas permanecimos a la deriva en una calma chicha mortal, y después un terrible Noroeste nos mandó contra la costa de sotavento. Soltamos la vela intentando tomar rumbo al Norte, pero entonces fue cuando quedó claro el chapucero trabajo de los constructores tahitianos de nuestra goleta. El botalón del bauprés y todos los estays delanteros saltaron, y no nos quedó más remedio que virar con la intención de atravesar entre la Florida y la Isabela. De noche, nos deslizábamos tranquilamente por el estrecho, al que las cartas de navegación otorgan catorce brazas en sus puntos de menor profundidad, cuando chocamos contra un banco de coral. La pobre Miélé golpeó el coral y siguió adelante; pero fue suficiente con eso. Tuvimos que echar al agua inmediatamente nuestros botes, y casi no nos habÃamos alejado de la goleta, cuando la embarcación se fue a pique. Nuestro piloto alemán se ahogó. Nos pasamos la noche remando, y solo al dÃa siguiente avistamos la costa.
—Y ahora supongo que estará deseando regresar al lado de Von —conjeturó Sheldon.