Aventura
Aventura Se sentía vencido por aquella seducción femenina. Joan tocaba el piano con más habilidad y sentimiento que sus propias hermanas. El piano que tanto esfuerzo le costó al desgraciado Hugo dejar en buenas condiciones parecía un instrumento maravilloso cuando lo acariciaban las manos de ella; y cuando tocaba las cuerdas de la guitarra y entonaba alguna melodía hawaiana, lo hacía con un aire tan suave y dulce que él se quedaba completamente embelesado. En aquellos momentos parecía desaparecer de ella todo lo que no era femenino, y su encanto se hacía tan poderoso que era capaz de terminar con el mal humor del día, o de hacer olvidar su puntería con el revólver, su sombrero masculino, y todo lo demás. Pero ¿era justo que aquella niña llevase la dura vida de un hombre, o exaltase en su corazón cualquier idea de aventuras? La mujer que se lanza en busca de aventuras, ya es aventurera por derecho propio; y esto le parecía a Sheldon algo inusitado, quizá porque él mismo no era demasiado amigo de aventuras y no le atraían excesivamente desde que dejó la infancia. Pero lo cierto es que si se hubiese visto en el dilema de tener que explicar el porqué de la vida que llevaba, no habría tenido más remedio que reconocer que era el espíritu aventurero el que finalmente le había empujado a abandonar su país y a establecerse en las Islas Salomón.