Aventura
Aventura En cualquier caso, Sheldon no se sentÃa muy feliz. Su educación y su propio carácter moderado protestaban constantemente contra lo violento e inconveniente de aquella situación. Beranda, que solo contaba con un hombre blanco, no era el lugar más adecuado para Joan Lackland, y se estrujaba la cabeza en busca de una solución, e incluso lo comentaba con la propia joven. El vapor procedente de Australia solo llegarÃa al cabo de tres semanas.
—Lo que está claro —decÃa Joan— es que usted no desea que me quede en esta casa. Mañana mismo botaremos nuestra embarcación y me iré con mis hombres a Tulagi.
—¡Pero si ya le he dicho que es imposible! —exclamó Sheldon—. Allà no hay nadie. El gobernador se encuentra en Australia, y solo verá usted a un hombre blanco, un auxiliar y antiguo marinero, que tiene bajo su responsabilidad el gobierno de las Islas Salomón y la custodia de unos cien presos negros. Además es tan grosero que lo primero que hará será sacarle cinco libras de multa, por no haber estado primero en Tulagi, que es el puerto de entrada. Es un tipo sin escrúpulos.
—Entonces me iré a Guvutu —dijo ella.
Sheldon negó con la cabeza.
—Allà solo se encontrará las fiebres y a cinco blancos borrachos. No puedo dejar que se vaya.