Aventura
Aventura —Entonces permita que le quite esas preocupaciones, diciéndole que a mà todo esto me tiene sin cuidado, a no ser por las molestias que usted pueda tener. No tengo la costumbre de preocuparme por lo que no puedo cambiar. ¿De qué sirve luchar contra lo inevitable? Y la situación es esta. Usted se queda, y yo también. Usted mismo reconoce que no puedo ir a ninguna parte; tampoco puede abandonarme en medio de la plantación, sola y rodeada por doscientos canÃbales. De modo que nos quedamos ambos. Esto es bastante simple y, sin embargo, es toda una aventura. Pero no debe preocuparse por ello. No siento el menor deseo de contraer matrimonio; he llegado hasta las islas Salomón con la intención de explotar una plantación, y no en busca de marido.
Sheldon enrojeció, pero permaneció en silencio.
—Ya sé lo que está pensando —continuó ella, riendo alegremente—: que si yo fuese un hombre, me darÃa un puñetazo. Y me lo tendrÃa bien merecido. Lo lamento, en lo sucesivo no volveré a herir su dignidad.
—Lo único que iba a decir es que la culpa de todo es mÃa —dijo él, una vez calmada la tempestad que comenzaba a desatarse en su espÃritu.