Aventura
Aventura —No insista, yo soy la única culpable, y se acabó el asunto. Deme un puñado de hombres y me construiré una cabaña en un extremo de la hacienda. La levantaré sobre troncos, por supuesto. Por la noche me retiraré a ella, y me encontraré a mis anchas. Los tahitianos pueden montar guardia aquí, como hacían a bordo. Podré aprender todo lo que se refiere a una plantación, y además gobernaré la casa, atenderé a la cocina y le prepararé alguna que otra comida decente. ¡Ah! Y cerraré mis oídos ante sus reclamaciones. Ya supongo todo lo que usted pensaba decirme y ofrecer…, pero no voy a aceptar que me ceda el bungalow a cambio de la cabaña. No lo quiero. Deje que me ocupe de arreglarlo todo, porque si no lo hace me iré a la otra orilla del río, lejos de cualquier influencia suya, y levantaré allí mismo un poblado para mí y para mis hombres, a quienes mandaré a Guvutu por provisiones. Y ahora me gustaría que me enseñase usted a jugar al billar.