Aventura
Aventura Joan se encargó efectivamente del gobierno de la casa, y cambió tantas cosas en unos pocos días que el propio Sheldon estaba maravillado. Por primera vez aparecieron el orden y la limpieza. Los criados dejaron de holgazanear y de estarse horas y horas de brazos cruzados. El cocinero decía que de tantas instrucciones y recetas le estaba empezando a doler la cabeza. Ni siquiera Sheldon se escapó de aquella nueva rigidez, y por sus ganas de alimentarse únicamente con latas de conserva se ganó el calificativo de estúpido y otros adjetivos equivalentes, que solo merecen quienes desprecian los platos más apetitosos.
