Aventura

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Tan enfermo como los que yacían en aquellas camas se encontraba el hombre blanco que los cuidaba. Nunca estaba completamente seguro de haber terminado bien sus visitas a aquel montón de personas heridas y malolientes. Estaba absolutamente convencido de que si llegaba a sufrir un desmayo pasajero hasta los enfermos más débiles se le echarían al cuello como lobos hambrientos.

Casi al final de la tarima estaba agonizando un hombre, y ordenó que lo sacasen de allí en cuanto exhalase su último suspiro. En ese momento, la cabeza de un negro asomó por la puerta de la cabaña y anunció:

—Cuatro pacientes graves.

Le seguían los nuevos enfermos, todavía con fuerzas para andar. Sheldon mandó al más grave al camastro que acababa de abandonar el último difunto, y al siguiente más grave le dijo que esperase a la muerte del otro, mientras mandaba a uno de sus acompañantes que reuniese una brigada para construir inmediatamente otro cobertizo para hospital. Después continuó su visita, intentando entretener a los enfermos con frases divertidas de una jerigonza curiosa. A veces, un largo llanto salía del rincón de la choza, y cuando vio que aquellos gemidos los daba un joven repleto de salud, explotó de ira.

—¿Por qué demonios estás lloriqueando?

—Por este compañerete que es mi propio hermano. Mi hermano… que se muere[1].


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