Aventura

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Al verse libre Sheldon, se giró sobre Carin-Jama, y de un formidable puñetazo lo tumbó al lado de su hermano. El tumulto quedó inmediatamente sofocado, y cinco minutos más tarde se llevaban a los dos hermanos al hospital, mientras los amotinados eran conducidos hasta las plantaciones por los capataces.

Sheldon encontró a Joan en la galería, sentada sobre la silla extensible, y deshecha en llanto. Esto le puso todavía más nervioso que el motín que acababa de sufrir. El llanto de una mujer siempre le dejaba desconcertado, pero cuando esa mujer era Joan, además, de la que podía esperarlo todo, sabía también que había algo que temer.

—Debo hablar con usted, Joan —comenzó a decir—. Sin duda me ha salvado usted la vida, y tengo que decirle…

La muchacha, en un arrebato de ira, apartó las manos del rostro y gritó:

—¡Cobarde! ¡Animal! Me ha obligado usted a disparar contra un hombre; algo que no había hecho nunca.

—Ha sido una herida poco importante; no morirá por ella —aseguró Sheldon, intentando tranquilizarla.

—¿Y qué me importa que no muera? Lo cierto es que le he disparado. ¿Qué necesidad tenía usted de saltar de aquella forma? Ha sido un salvaje.

—Le aseguro que… —pidió él, confuso.


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