Colmillo blanco
Colmillo blanco La fascinación por la luz que tenía el cachorro gris aumentaba día a día. Constantemente se alejaba para hacer incursiones de su yarda hacia la entrada de la cueva y siempre le hacían retroceder. Solo que él no sabía que aquello era una entrada. No sabía nada de entradas, pasadizos por los que uno va de un sitio a otro. No conocía otro lugar y mucho menos una vía para llegar a él. Así que la entrada de la cueva era un muro, un muro de luz. Lo que representaba el sol para los habitantes del exterior era aquel muro para él: el sol de su mundo. Le atraía como una vela atrae a una mariposa nocturna. Siempre estaba luchando por poder llegar a ella. La vida que tan rápidamente se desarrollaba en él le impulsaba continuamente hacia el muro de luz. La vida que llevaba dentro sabía que era la senda hacia el exterior, la senda que estaba predestinado a emprender. Pero él mismo no sabía nada de esto. No sabía que existiera un exterior, un ancho mundo por descubrir.