Colmillo blanco

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Entonces llegó el tiempo en el que el cachorro gris no volvió a ver a su padre apareciendo y desapareciendo a través de la pared ni durmiendo en la puerta. Aquello había ocurrido al final de una época de hambre posterior y menos severa. La loba sabía por qué Tuerto no volvería más, pero no había forma de que ella le pudiera contar al cachorro gris lo que habían visto sus ojos. En cierta ocasión ella salió a cazar por la bifurcación izquierda del río en el que vivía el lince y se topó con el rastro del día anterior de Tuerto. Y le encontró al final del rastro. Había numerosas señales de la lucha y de la retirada del lince hembra hacia su cubil después de la victoria. Antes de marcharse, la loba había encontrado aquel cubil, pero las señales le indicaron que la hembra estaba en el interior y no se atrevió a entrar.

Después de aquello, la loba evitó la bifurcación de la izquierda al salir de caza, ya que sabía que en el cubil del lince había cachorros y conocía al lince por ser una feroz y malhumorada criatura, además de un luchador terrible. Era muy posible que una manada de doce lobos pudiera reducirlo hasta la copa de un árbol, bufando erizado; pero era un asunto muy distinto que un lobo solitario se encontrara con el lince, sobre todo cuando se sabía que el lince tenía un cubil con una camada de maulladores cachorros hambrientos a la que alimentar.


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