Colmillo blanco
Colmillo blanco Tanto era asà que, en obediencia a la ley establecida por su madre y a aquella cosa desconocida y sin nombre, el miedo, se mantuvo bien alejado de la entrada de la cueva. Siguió siendo para él la pared blanca de luz. Cuando su madre estaba ausente, dormÃa la mayor parte del tiempo, mientras que en los intervalos en los que se despertaba, se mantenÃa muy silencioso, sin esbozar los gemidos que asomaban a su garganta luchando por hacerse sonoros.
En cierta ocasión, recostado pero despierto, oyó un sonido extraño procedente de la pared blanca. Él no sabÃa que era un carcayú[5] el que estaba fuera, tembloroso de miedo ante su propia audacia, olfateando con cautela el contenido de la cueva. El cachorro solo sabÃa que el olfateo le era extraño, algo que no podÃa clasificar y, por lo tanto, desconocido y terrible, ya que lo desconocido era uno de los elementos principales que provocaban el miedo.