Colmillo blanco
Colmillo blanco Un miedo atroz se apoderó de él. Aquello suponía más cosas pertenecientes a lo desconocido. Se acurrucó a la entrada de la cueva y contempló el mundo. Estaba muy asustado, porque era extraño y hostil para él. Por ello, se le erizó el pelo del lomo y su hocico se frunció débilmente intentando reproducir un gruñido feroz y amenazador. Desde su insignificancia y su terror retaba y amenazaba al ancho mundo.
Nada sucedió. Continuó la contemplación, y tan interesado, que olvidó el gruñido. Incluso se olvidó del miedo. Por aquel tiempo, el miedo había sido derrotado por el crecimiento, mientras que el crecimiento se había transformado en curiosidad. Comenzó a distinguir los objetos cercanos: una parte del río que brillaba bajo la luz del sol, el pino marchito que se levantaba en la base de la colina, y la colina misma, que ascendía hasta él y terminaba a dos pies de la puerta de la cueva en la que estaba acurrucado.