Colmillo blanco
Colmillo blanco —Henry —dijo el otro, masticando con decisión las judÃas que estaban comiendo—, ¿no te has dado cuenta de la forma en que han alborotado cuando les daba de comer?
—Han armado más bullicio de lo normal —reconoció Henry.
—¿Cuántos perros hemos traÃdo, Henry?
—Seis.
—Bien, Henry… —Bill se detuvo un instante para que sus palabras adquirieran más significado—. Como te estaba diciendo, Henry, hemos traÃdo seis perros. Cogà seis peces de la bolsa, uno para cada perro, y…, Henry, me faltó un pescado.
—Habrás contado mal.
—Hemos traÃdo seis perros —reiteró el otro sin apasionamiento—. Saqué seis peces. Una Oreja se quedó sin el suyo. Volvà luego a la bolsa y le di su pescado.
—Solo hemos traÃdo seis perros —dijo Henry.
—Henry —continuó Bill—, no te diré que sean todos perros, pero son siete los que han comido pescado.
Henry dejó de comer y, a través del fuego, contó los perros.
—Ahora solo hay seis —dijo.
—Vi al otro alejarse por la nieve —comentó Bill con frÃa decisión—. Vi siete.