Colmillo blanco
Colmillo blanco Su compañero le miró compasivamente y dijo:
—Me voy a poner la mar de contento cuando acabe este viaje.
—¿Qué quieres decir con eso? —preguntó Bill.
—Quiero decir que la carga que llevamos te está trastornando y que estás empezando a ver cosas.
—Ya he pensado en eso —respondió Bill muy serio—. Y aun asÃ, cuando vi que habÃa salido corriendo por la nieve, miré y vi sus huellas. Entonces conté los perros y seguÃa habiendo seis. Las huellas están ahà en la nieve. ¿No quieres echarles un vistazo? Te las enseñaré.
Henry no contestó, sino que continuó masticando en silencio, hasta que finalizó su colación con una taza de café. Se limpió la boca con la palma de la mano y dijo:
—Entonces, ¿estás pensando que era…
Un aullido largo, terriblemente triste, procedente de alguna parte en la oscuridad, le interrumpió. Se detuvo para escucharlo y luego acabó la frase con un movimiento de su mano en la dirección del aullido.
—… uno de ellos?
Bill afirmó con un movimiento de cabeza.
—Que el diablo me lleve si pensé otra cosa. Tú mismo te diste cuenta del alboroto que armaron los perros.