Colmillo blanco
Colmillo blanco El destino le reservaba otra aventura aquel dÃa. HabÃa recordado que en el mundo habÃa algo que era su madre. Y entonces, sintió que la querÃa más que a todas las demás cosas del mundo. No solo estaba su cuerpo cansado de las aventuras que le habÃan sucedido, sino que su pequeño cerebro también lo estaba. En todos los dÃas de su vida, nunca habÃa trabajado tanto como en aquel. Y lo que era peor, tenÃa sueño. Asà que comenzó a buscar la cueva y a su madre, sintiendo al mismo tiempo un insoportable acceso de soledad e indefensión.
Avanzaba torpemente entre unos arbustos cuando oyó un grito agudo y amenazador. Se produjo un reflejo amarillo ante sus ojos. Vio una comadreja saltando velozmente frente a él. Era una cosa pequeña, y no le dio miedo. Entonces, a sus pies, advirtió que habÃa otra cosa viviente pequeña en extremo, de unas cuantas pulgadas —una joven comadreja—, que, desobediente como él mismo, habÃa abandonado el cubil para curiosear. Trató de apartarse del cachorro. Este le dio la vuelta con la garra. Emitió un ruido extraño y molesto y, al instante, el destello amarillo reapareció ante sus ojos. Oyó de nuevo el llanto amenazador y, en el mismo instante, recibió un fuerte golpe a un lado del pescuezo y sintió que los afilados dientes de la madre herÃan su carne.