Colmillo blanco
Colmillo blanco En una ocasión el lobezno saltó e hincó sus dientes en la pata trasera del lince. Mantuvo el mordisco, gruñendo de forma salvaje. Aunque no lo sabía, por el peso de su cuerpo impidió el movimiento de la pata y, gracias a ello, libró a su madre de mucho peligro. Un cambio en el desarrollo de la batalla hizo que quedara atrapado bajo los dos cuerpos de las combatientes y que perdiera su presa. Un instante después, las dos madres estaban separadas y, antes de que volvieran a abalanzarse la una sobre la otra, el lince propinó un zarpazo al cachorro que le desgarró la paletilla hasta dejarle el hueso al descubierto, y le lanzó contra la pared. Entonces, a la confusión ya existente, se unió el agudo grito de dolor y miedo del lobezno. Pero la lucha se prolongó tanto que le dio tiempo a quejarse y a experimentar un segundo acceso de cólera, y el final de la batalla le sorprendió de nuevo agarrando la pata trasera y gruñendo entre dientes.