Colmillo blanco
Colmillo blanco Durante un instante, se quedó paralizado. Lo desconocido, que acechaba entre los palos y el musgo, estaba agarrándole de forma salvaje la nariz. Se retiró con torpes movimientos al tiempo que estallaba una perpleja explosión de aullidos. Al oírle, Kiche saltó forzando la longitud del palo y se sintió rabiosa al no poder acudir en su ayuda. Pero Castor Gris se echó a reír estrepitosamente, se dio varias palmadas en los muslos y le contó lo que había ocurrido al resto del campamento, hasta que todo el mundo se echó a reír con escándalo. Pero Colmillo Blanco se sentó y aulló y aulló como una figurita desamparada y digna de lástima entre los animales-hombre.
Fue el peor dolor que jamás había experimentado. Aquella cosa viva, con el color del sol, que había crecido entre las manos de Castor Gris le había abrasado la nariz y la lengua. Gimoteó y gimoteó interminablemente y cada gemido era percibido con estallidos de risa por parte de los animales-hombre. Trató de calmarse el dolor de la nariz con la lengua, pero la tenía también quemada y aquellos dos dolores unidos le producían uno todavía mayor, por lo que gemía más desconsolado e indefenso que nunca.