Colmillo blanco
Colmillo blanco En las Tierras Vírgenes, el tiempo que una madre pasa con su cría es corto; pero bajo el dominio del hombre se convierte a veces en más reducido. Así le ocurrió a Colmillo Blanco. Castor Gris estaba en deuda con Tres Águilas. Tres Águilas había proyectado un viaje por el río Mackenzie hacia el lago Great Slave. Una faja de tela roja, una piel de oso, veinte cartuchos y Kiche fueron el importe de la deuda. Colmillo Blanco vio cómo se llevaban a su madre en la canoa de Tres Águilas e intentó seguirla. Un golpe de Tres Águilas le devolvió a la orilla. La canoa partió. El cachorro saltó al agua y nadó detrás de ella, sin hacer caso de los gritos de Castor Gris para que regresara. Colmillo Blanco desobedeció incluso al animal-hombre, al dios; tal era el pavor que sentía al perder a su madre.
Pero los dioses están acostumbrados a que se les obedezca y Castor Gris, iracundo, echó al agua una canoa para perseguirle. Cuando alcanzó a Colmillo Blanco, le agarró de la nuca y le sacó de la corriente. No le depositó en la canoa, sino que, suspendido en una mano, con la otra comenzó a pegarle. Y le dio una paliza. Su mano era fuerte; cada golpe era terriblemente doloroso y le propinó un centenar de ellos.