Colmillo blanco
Colmillo blanco Cuando la canoa arribó a la orilla, Colmillo Blanco permaneció tumbado gimiendo sin moverse, esperando lo que decidiera la voluntad de Castor Gris. La voluntad de Castor Gris era que bajara a la orilla y en la orilla aterrizó impulsado por un fuerte golpe en el costado, que le recrudeció el dolor de las heridas. Se puso en pie y continuó gimiendo. Hocicos, que había observado todo desde la orilla, se precipitó sobre él, le derribó y le hincó los dientes. Colmillo Blanco se encontraba demasiado indefenso para contraatacar y su situación habría empeorado de no ser por Castor Gris, que dio una patada a Hocicos, lanzándole al aire con tanta violencia que cayó una docena de pies más allá. Aquella era la justicia del animal-hombre e incluso entonces, en su penoso estado, Colmillo Blanco experimentó un pequeño estremecimiento de gratitud. Siguiendo a Castor Gris muy de cerca, cojeó obedientemente a través de la aldea hacia su tipi. Y así fue como Colmillo Blanco aprendió que el derecho a castigar era algo que los dioses se reservaban para ellos y que negaban a cualquier otra criatura de inferior condición.