Colmillo blanco
Colmillo blanco Donde el rÃo corrÃa sobre escarpados riscos, subió las altas montañas que habÃa detrás. Los rÃos y los arroyos que desembocaban en la corriente principal los vadeaba o cruzaba a nado. Con frecuencia lo hacÃa sobre las pequeñas superficies de hielo, que estaban comenzando a formarse, y más de una vez se rompieron, por lo que tuvo que luchar por su vida en la helada corriente. Siempre seguÃa el rastro de los dioses, que en algún punto podrÃan haber abandonado el rÃo para internarse tierra adentro.
Colmillo Blanco sobrepasaba la media de inteligencia de su especie y, sin embargo, su clarividencia no era lo suficientemente amplia como para pensar en la otra orilla del Mackenzie. ¿Y si el rastro de los dioses continuaba por aquella orilla? No se le pasó por la cabeza. Más tarde, cuando hubo viajado más y se hubo hecho mayor y más sabio, y supo más de rastros y de rÃos, podrÃa habérsele ocurrido la posibilidad. Pero aquella capacidad de su mente formaba todavÃa parte del futuro. Justo entonces corrÃa a ciegas y la única orilla que entraba dentro de sus cálculos era la que seguÃa en aquellos momentos.