Colmillo blanco
Colmillo blanco Colmillo Blanco se sumó al trabajo sin rebeldía. Había recorrido una distancia mayor que los otros perros para someterse a las reglas de los dioses y había aprendido muy bien lo inútil que resultaba oponerse a su voluntad. Además, la persecución que había sufrido por la manada había hecho que aquella le importara menos que el hombre. No había aprendido, como los de su especie, a buscar el compañerismo. Había olvidado prácticamente a Kiche y la única emoción que quedaba en él era la lealtad que rendía a los dioses, a los que había aceptado como señores. Así que trabajaba duro, aprendía la disciplina y era obediente. La fidelidad y la voluntad eran las cualidades que caracterizaban su trabajo. Estas son las cualidades esenciales de los lobos y de los perros salvajes cuando se domestican y estas cualidades eran las que poseía Colmillo Blanco en una medida fuera de lo corriente.