Colmillo blanco
Colmillo blanco Con el derrocamiento de Hocicos, Colmillo Blanco habrÃa podido erigirse como el lÃder de la jaurÃa. Pero era demasiado hosco y solitario para aquello. Tan solo atacaba a sus compañeros de equipo, y si no, no les hacÃa ni caso. Se apartaban de su camino cuando se acercaba a ellos; ni el más valiente se atrevÃa a quitarle su carne. Por el contrario, devoraban su propia ración con avidez por temor a que él pudiera arrebatársela. Colmillo Blanco conocÃa bien la ley: oprimir al débil y obedecer al poderoso. Tomaba su trozo de carne lo más rápido que podÃa y ¡pobre del perro que no se la hubiera terminado para entonces! Un gruñido y una dentellada de sus colmillos, y el perro tendrÃa que ir a consolarse con las mudas estrellas mientras Colmillo Blanco daba cuenta de su parte.
Cada cierto tiempo, sin embargo, uno u otro de los perros se rebelaba, aunque era pronto apaciguado. AsÃ, Colmillo Blanco se mantenÃa en buena forma. DefendÃa su soledad en medio de la jaurÃa y luchaba con frecuencia por conservarla. Pero aquellas luchas eran breves. Era demasiado rápido para los demás. Los desgarraba y herÃa antes de que pudieran reaccionar; los derrotaba antes de que iniciaran la lucha.