Colmillo blanco
Colmillo blanco Una disciplina tan rÃgida como la de los dioses en el trineo era la que Colmillo Blanco imponÃa a sus compañeros. No les permitió jamás ninguna libertad. Estaban obligados a respetarle; lo que hicieran entre sà no era asunto suyo. Pero sà le interesaba que le dejaran solo, que se apartaran de su camino cuando él eligiera caminar entre ellos y que en todo momento aceptaran su dominio. Un atisbo de tensión en las patas, un hocico arrugado o un pelo erizado, y se echarÃa sobre ellos, despiadado y cruel, raudo en convencerlos del error que cometÃan actuando de aquella forma.
Era un monstruoso tirano. Su autoridad era rÃgida como el acero. OprimÃa a los débiles siguiendo instintos de venganza. No en vano se vio expuesto a una lucha despiadada por vivir en sus dÃas de cachorro, cuando su madre y él, solos y sin ayuda, se valieron por sà mismos y sobrevivieron en el feroz entorno de las Tierras VÃrgenes. No en vano habÃa aprendido a caminar con cuidado cuando una fuerza superior a la suya pasaba cerca de él. Y en el curso del gran viaje con Castor Gris, caminó con cuidado entre los perros adultos en los campamentos que se encontraron de otros animales-hombre desconocidos.