Colmillo blanco
Colmillo blanco Una cosa, relacionada con aquello, que Colmillo Blanco aprendió con rapidez fue que un dios ladrón era con frecuencia un dios cobarde que solÃa huir en cuanto oÃa la alarma. También aprendió que transcurrÃa poco tiempo desde que la alarma sonaba hasta que Castor Gris llegaba en su ayuda. Supo que no era el miedo a él lo que impulsaba al ladrón a huir, sino el miedo a Castor Gris. Colmillo Blanco no anunciaba una situación de alarma con ladridos. Nunca ladraba. Su método era atacar directamente al intruso y hundir sus dientes en él todo lo que pudiera. Porque era hosco y solitario y no tenÃa nada que ver con los demás perros, solÃan asignarle la vigilancia de las propiedades de Castor Gris y, para ello, Castor Gris le motivaba y entrenaba. Una de las consecuencias de aquello fue que Colmillo Blanco se volvió más feroz, más indomable y más solitario.
Los meses pasaron fortaleciendo el pacto entre perro y hombre. Aquel era el pacto ancestral que el primer lobo que salió de lo salvaje hizo con el hombre. Y, como todos los sucesivos lobos y perros salvajes que habÃan seguido el mismo camino, Colmillo Blanco estableció el mismo pacto. Los términos eran muy simples. Por la posesión de un dios de carne y hueso, ofrecÃa su propia libertad. El alimento y el fuego, la protección y la compañÃa eran cosas que recibÃa del dios. A cambio, él guardaba la propiedad del dios, defendÃa su cuerpo, trabajaba para él y le obedecÃa.