Colmillo blanco
Colmillo blanco En los peores momentos de hambre, se deslizaba sigilosamente hasta las hogueras de los hombres. Pero no se acercaba. Acechaba en el bosque, evitando que le descubrieran, y robaba las trampas en las que de cuando en cuando caía alguna presa. Incluso robó un conejo de una de las trampas de Castor Gris mientras este se tambaleaba a punto de desfallecer en el bosque, buscando continuamente un lugar en el que sentarse para descansar, agotado por la debilidad y con la respiración entrecortada.
Un día, Colmillo Blanco se encontró con un joven lobo, flaco y escuálido, reducido a la mínima expresión por el hambre. Si no hubiera estado hambriento, Colmillo Blanco se habría ido con él y tal vez se habría unido a la manada de sus salvajes hermanos. Pero tal y como estaba, derribó al lobezno, lo mató y se lo comió.