Colmillo blanco
Colmillo blanco Pero los perros jamás podrÃan aprender la lección que consistÃa en que le dejaran en paz en el campamento. Cada dÃa, persiguiéndole o ladrándole para desafiarle, la lección de la noche anterior se olvidaba, y esa noche tendrÃan que aprenderla de nuevo, para ser inmediatamente olvidada. Además, la antipatÃa que le profesaban tenÃa mayor consistencia. SentÃan entre él y ellos una diferencia de especie, causa suficiente en sà misma para la hostilidad. Como él, eran lobos domesticados. Pero eran descendientes de generaciones enteras de lobos domesticados. Gran parte de la herencia de lo salvaje se habÃa perdido, asà que para ellos las Tierras VÃrgenes eran lo desconocido, lo terrible, la sempiterna amenaza y la guerra. Pero en el caso de Colmillo Blanco, por su apariencia, actos e instintos, las Tierras VÃrgenes seguÃan adheridas a su naturaleza. Él las simbolizaba, era su personificación; asà que, cuando le mostraban sus dientes, se estaban defendiendo a sà mismos contra los poderes de la destrucción que acechaban en las sombras del bosque y en la oscuridad que habÃa más allá de las hogueras.