Colmillo blanco
Colmillo blanco Pero sus compañeros se volvieron listos también, a su modo. Y en el proceso, Colmillo Blanco se volvió más listo con ellos. Aprendieron que, cuando el barco de vapor arribaba a la orilla, con él llegaba la diversión. Después de los dos o tres primeros perros extraños que fueron derribados y destrozados, el hombre blanco retuvo a sus animales en el barco y tomó severa venganza contra los autores de aquellas ofensas. Un hombre blanco que había visto a su perro, un setter, destrozado ante sus ojos cogió un revólver. Disparó rápidamente seis veces y seis perros de la jauría cayeron muertos o moribundos, otra manifestación de poder que a Colmillo Blanco le impresionó bastante.
Colmillo Blanco se divertía con todo aquello. No amaba su especie y era lo suficientemente astuto como para escapar del castigo. Al principio, matar a los perros del hombre blanco había sido una diversión. Después de cierto tiempo, se convirtió en su ocupación. No había otro trabajo para él. Castor Gris estaba muy ocupado comerciando y haciéndose rico. Así que Colmillo Blanco merodeaba por el embarcadero con el grupo de perros indios, que tan mala fama tenía ya, esperando a los barcos de vapor. Con la llegada del barco la diversión comenzaba. Después de unos pocos minutos, los necesarios para que el hombre blanco se recuperara de la sorpresa, el grupo se disolvía. La diversión acababa hasta que llegaba otro barco con más hombres y nuevos perros.