Colmillo blanco
Colmillo blanco Y recién llegados desde el mundo del sur, mucho más cómodo, aquellos perros que bajaban trotando por la pasarela para pisar la orilla del Yukon no tenÃan más que ver a Colmillo Blanco para experimentar el irresistible impulso de abalanzarse sobre él y destruirle. PodÃan ser perros de ciudad, pero el temor instintivo a lo salvaje era exactamente el mismo. No solo con sus propios ojos veÃan bajo la clara luz del dÃa a la criatura lobuna que se erguÃa frente a ellos. La veÃan con los ojos de su antecesores y, gracias a la memoria que habÃan heredado, conocÃan a Colmillo Blanco como el lobo y recordaban su ancestral enemistad.
Todo aquello propiciaba que los dÃas de Colmillo Blanco fueran más divertidos. Si nada más verle aquellos extraños se abalanzaban sobre él, mucho peor para ellos. Le observaban como a una presa legÃtima y de la misma forma los veÃa él a ellos.