Colmillo blanco
Colmillo blanco Castor Gris se negó a vender al perro. Se había hecho rico con el comercio de pieles y no necesitaba nada. Además, Colmillo Blanco era un animal muy valioso, el perro de tiro más fuerte que había poseído nunca y el mejor líder. No había otro perro como él en todo el río Mackenzie ni en el Yukon. Sabía luchar. Había matado a otros perros con la misma facilidad con que los hombres matan mosquitos. (Los ojos de Guapo Smith se animaron y se lamió los finos labios con su lengua inquieta). No, Colmillo Blanco no estaba en venta a ningún precio.
Pero Guapo Smith conocía las costumbres de los indios. Frecuentó el campamento de Castor Gris y, escondida bajo su abrigo, siempre llevaba alguna botella de whisky[12] o algo semejante. Una de las características del whisky es que despierta la sed. Castor Gris contrajo aquella sed. Sus entrañas enfebrecidas y su estómago arrasado por el alcohol comenzaron a pedir más y más de aquel fluido abrasador, mientras su cerebro, trastornado por el insólito estimulante, fue capaz de ordenarle cualquier cosa con tal de conseguirlo. El dinero que había recibido por sus pieles, guantes y mocasines comenzó a esfumarse, y cuanto menos dinero le quedaba más se enfurecía.