Colmillo blanco
Colmillo blanco Al final su dinero, sus bienes y su buen carácter se esfumaron. No le quedó nada, sino su sed, una extraordinaria obsesión que aumentaba con cada bocanada de aire que respiraba sobrio. Entonces fue cuando Guapo Smith volvió a hablar con él sobre la venta de Colmillo Blanco, pero aquella vez el precio ofrecido fue en botellas, no en dólares, y los oÃdos de Castor Gris prestaron inmensa atención.
—Tú atrapas perro, tú llevarlo, de acuerdo —fue su última palabra.
Las botellas le fueron entregadas, pero, después de dos dÃas, «atrapa al perro» fueron las palabras de Guapo Smith a Castor Gris.
Colmillo Blanco se adentró una tarde furtivamente en el campamento y se tumbó con un suspiro de alegrÃa. El temido dios blanco no estaba allÃ. Durante dÃas, sus deseos de ponerle las manos encima se habÃan hecho más y más insistentes, y durante aquel tiempo Colmillo Blanco se habÃa visto obligado a evitar el campamento. No sabÃa con qué perversidad le amenazaban aquellas insistentes manos. Tan solo sabÃa que le tenÃan preparado algún mal y que más le valÃa mantenerse apartado de ellas.