Colmillo blanco
Colmillo blanco Pero apenas se había tumbado cuando Castor Gris se acercó tambaleándose hacia él y le ató una cuerda de cuero al cuello. Se sentó junto a Colmillo Blanco, con el extremo de la cuerda en la mano. En la otra sostenía una botella que, de cuando en cuando, invertía sobre su cabeza acompañándose de gorgoteos.
Había transcurrido una hora cuando las vibraciones de unos pasos anunciaron al que se acercaba. Colmillo Blanco los oyó primero y se erizó inmediatamente al darse cuenta de quién era, mientras Castor Gris seguía moviendo la cabeza de forma estúpida. Colmillo Blanco intentó que la cuerda se deslizara de la mano de su amo, pero los dedos relajados se cerraron con fuerza y Castor Gris se levantó.