Colmillo blanco
Colmillo blanco En el fuerte, Guapo Smith lo dejó cuidadosamente atado y se fue a la cama. Colmillo Blanco esperó una hora. Luego mordió la cuerda y en diez segundos quedó libre. No había perdido el tiempo con sus dientes. La cuerda quedó cortada transversalmente, en diagonal, en un corte tan limpio como el de un cuchillo. Miró hacia el fuerte al tiempo que erizaba su pelo y gruñía. Entonces se dio media vuelta y trotó hacia el campamento de Castor Gris. No le debía ninguna lealtad a aquel extraño y terrible dios. Él se había entregado a Castor Gris y consideraba que todavía le pertenecía.
Pero lo que había ocurrido antes volvió a repetirse con una diferencia. Castor Gris le ató de nuevo con una cuerda y por la mañana se lo devolvió a Guapo Smith. Y allí fue donde se produjo la diferencia. Guapo Smith le dio una paliza. Atado con sumo cuidado, Colmillo Blanco tan solo pudo rabiar inútilmente y soportar el castigo. El palo y el látigo fueron los instrumentos que utilizó contra él y recibió la paliza más cruel que jamás había vivido en toda su existencia. Incluso la gran paliza que le dio Castor Gris en sus días de cachorro fue suave en comparación con aquella.