Colmillo blanco
Colmillo blanco —Pero solo tienes tres cartuchos —objetó Henry.
—Esperaré a tenerle a tiro seguro —rué la respuesta.
Por la mañana, Henry avivó el fuego y preparó el desayuno mientras su compañero roncaba.
—Estabas durmiendo tan a gusto —dijo Henry cuando lo levantó para desayunar—, que no he tenido el valor de despertarte.
Bill comenzó a comer todavía medio dormido. Advirtió que su taza estaba vacía y alargó el brazo para alcanzar el puchero. Pero estaba demasiado lejos, junto a Henry.
—Dime, Henry —protestó con amabilidad—, ¿no se te ha olvidado algo?
Henry miró a su alrededor con sumo cuidado y sacudió la cabeza. Bill levantó la taza vacía.
—Hoy no hay café para ti —señaló Henry.
—No se habrá acabado, ¿verdad? —preguntó Bill con angustia.
—No.
—¿Es que piensas que me puede sentar mal?
—No.
El rostro de Bill se congestionó de cólera.
—Entonces no sabes lo mucho que deseo que me des una explicación —dijo.
—Mesana no está —respondió Henry.