Colmillo blanco
Colmillo blanco Bajo la tutela del dios loco, Colmillo Blanco se convirtió en un demonio. Lo tenía encadenado en un corral que había en la parte trasera del fuerte y allí Guapo Smith le atormentaba, le irritaba y le enloquecía con pequeñas torturas. El hombre descubrió en seguida la susceptibilidad de Colmillo Blanco a la risa y tomó por costumbre, tras dolorosas burlas, reírse constantemente de él. Aquella risa era estridente y malintencionada y, mientras reía, el dios le señalaba con el dedo de forma burlona. En aquellas ocasiones, el buen juicio abandonaba a Colmillo Blanco y en sus arrebatos de furia se tornaba más loco que Guapo Smith.
En un principio, Colmillo Blanco había sido tan solo un enemigo de su raza y, por añadidura, un terrible enemigo. En aquellos momentos era el enemigo de todas las cosas y más feroz que nunca. Hasta tal punto fue torturado, que odiaba con ceguera y sin el más mínimo atisbo de cordura. Odiaba la cadena que le retenía, a los hombres que le miraban a través de las vallas del corral, a los perros que acompañaban a los hombres y que le gruñían con maldad al verle indefenso. Odiaba hasta la misma madera del corral que le confinaba. Y por encima de todo, odiaba a Guapo Smith.