Colmillo blanco
Colmillo blanco La puerta del corral se abrió de nuevo. Colmillo Blanco se detuvo. Algo inusual estaba ocurriendo. Esperó. La puerta se abrió más. Entonces, un gran perro fue lanzado al interior y la puerta se cerró detrás de él. Colmillo Blanco no había visto jamás a un perro como aquel (era un mastín); pero el tamaño y el aspecto feroz del intruso no le desalentaron. Allí había algo, que no era madera ni acero, en lo que vengar su odio. Saltó sobre el mastín y le dio una dentellada que desgarró un lado de su cuello. El mastín sacudió la cabeza, aulló con voz ronca y atacó a Colmillo Blanco. Pero Colmillo Blanco estaba aquí, allí y en todas partes, siempre evitando y eludiendo, y siempre atacando, mordiendo y retirándose a tiempo antes de recibir el castigo.
Los hombres gritaban y aplaudían, mientras Guapo Smith, en un éxtasis de placer, saboreaba los desgarrones y las mutilaciones que Colmillo Blanco provocaba a su contrario. Desde el comienzo no hubo esperanza alguna para el mastín. Era demasiado pesado y lento. Al final, mientras Guapo Smith golpeaba a Colmillo Blanco con un palo, el mastín fue retirado por su amo. Luego se realizaron los pagos por las apuestas, y el dinero resonó en las manos de Guapo Smith.