Colmillo blanco
Colmillo blanco No fue un buen mordisco, ya que le alcanzó abajo y cerca del pecho, pero Cherokee no le soltó. Colmillo Blanco se puso a cuatro patas y se revolvió con furia salvaje, tratando de librarse del cuerpo del bulldog. Aquel peso que arrastraba y que no se separaba de él le volvía loco. Limitaba sus movimientos y reducía su libertad. Era como una trampa y, como todos sus instintos la rechazaban, se revolvió contra ella. Fue un revolverse enloquecido. Durante varios minutos se trastornó completamente. El instinto vital más básico que había en él se apoderó de su cuerpo. La voluntad de vivir le superó. Se sintió poseído por la carnalidad. Fue como si careciera de cerebro. Su razón fue desplazada por el ciego anhelo carnal de existir, de moverse; moverse a toda costa, seguir moviéndose, ya que el movimiento era la forma de expresar su existencia.