Colmillo blanco
Colmillo blanco Vueltas y más vueltas dio, girando rápidamente, volviéndose, cambiando el sentido de los giros, intentando librarse de la carga de cincuenta libras que se arrastraba agarrada a su garganta. El bulldog no hacÃa otra cosa que mantener las mandÃbulas bien cerradas. A veces, y pocas, conseguÃa poner las patas en el suelo y durante un instante abrazarse a Colmillo Blanco. Pero al siguiente movimiento perdÃa pie y volvÃa a ser arrastrado por el impulso de uno de los enloquecidos giros de Colmillo Blanco. Cherokee se identificaba con su propio instinto. SabÃa que estaba haciendo bien al mantenerlo agarrado y sintió alegres estremecimientos de satisfacción. En momentos como aquel incluso cerraba los ojos y permitÃa que su cuerpo fuera lanzado para acá y para allá, de grado o a la fuerza, despreocupado por el daño que le pudiera hacer. Aquello no contaba. El mordisco era lo que importaba y él lo mantendrÃa.