Colmillo blanco
Colmillo blanco Colmillo Blanco cedió solo cuando se hubo agotado. No podÃa hacer nada y no podÃa comprender. Jamás, en toda su vida como luchador, le habÃa ocurrido una cosa tal. Los perros con los que habÃa luchado no peleaban de aquella forma. Con ellos era morder, desgarrar y retirarse, morder, desgarrar y retirarse. Estaba medio tendido jadeando. Cherokee, que todavÃa le tenÃa sujeto, le empujó intentando tumbarle por completo. Colmillo Blanco se resistÃa y podÃa sentir las mandÃbulas que se aflojaban, relajándose ligeramente y volviendo a apretarse en un movimiento semejante a la masticación. Cada vez que las relajaba, se acercaba más y más a la garganta. El método del bulldog era mantenerse y, en cuanto se presentara la oportunidad, hacer más daño. La opción se presentó cuando Colmillo Blanco se quedó quieto. Cuando luchaba, Cherokee se contentaba con mantener el mordisco.