Colmillo blanco

Colmillo blanco

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Por fin, perdió el equilibrio y cayó agotado; y el bulldog inmediatamente aflojó la mandíbula y se acercó más todavía, destrozando más y más la carne forrada de pelo, ahogando a Colmillo Blanco con más ahínco que nunca. Los aplausos se elevaron para el vencedor y se levantaron muchas voces gritando: «¡Cherokee! ¡Cherokee!». A aquellas voces, Cherokee respondía con vigorosos movimientos del muñón de su cola. Pero el clamor no le distrajo. No había ninguna conexión simpática entre su cola y sus sólidas mandíbulas. La una podía menearse, pero las otras mantenían el terrible mordisco sobre el cuello de Colmillo Blanco.

Fue en aquel instante cuando los espectadores se distrajeron. Se oyeron el tintineo de unas campanillas y los gritos de un conductor de trineos. Todo el mundo, salvo Guapo Smith, miró con aprensión, ya que el temor de que fuera la policía se apoderó de todos. Pero vieron, en la parte alta y no en la baja del camino, a dos hombres corriendo con trineos y perros. Evidentemente, venían del río tras algún viaje de prospección. Al divisar a la multitud detuvieron los perros, se acercaron y se unieron al grupo, con curiosidad por saber cuál era la causa de tanta expectación. El conductor del trineo tenía bigote, pero el otro, un hombre más alto y más joven, estaba cuidadosamente afeitado y su piel era rosada a causa del riego sanguíneo y el aire gélido.


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