Colmillo blanco
Colmillo blanco Guapo Smith se habÃa levantado y se acercaba para ver a Colmillo Blanco.
—Matt, ¿cuánto vale un buen perro de trineo? —preguntó Scott.
El conductor del trineo, todavÃa de rodillas inclinado sobre Colmillo Blanco, calculó durante un instante.
—Trescientos dólares —respondió.
—¿Y cuánto uno que está hecho trizas como este? —preguntó Scott, empujando ligeramente a Colmillo Blanco con el pie.
—La mitad —fue la valoración del conductor.
Scott se volvió a Guapo Smith.
—¿Ha oÃdo, señor Bestia? Le voy a quitar el perro y le voy a dar por él ciento cincuenta dólares.
Abrió su cartera de bolsillo y contó los billetes.
Guapo Smith colocó las manos a la espalda en señal de que rechazaba tocar el dinero ofrecido.
—No soy un vendedor —dijo.
—Oh, sà lo es usted —aseguró el otro—. Porque yo estoy comprando. Aquà tiene su dinero. El perro es mÃo.
Guapo Smith, con las manos todavÃa en la espalda, comenzó a retirarse.
Scott saltó sobre él y le golpeó con el puño. Guapo Smith se agazapó al sentir el puñetazo.